domingo, 25 de febrero de 2018

SILBAR EL VIENTO



Necesito cerrar los ojos para oír el viento marcharse. Los soplidos que antes han golpeado puertas y ventanas y agitado árboles indefensos se pierden a lo lejos convertidos en silbidos moribundos que devuelven la calma y el silencio. De este modo siento cómo se retira Joan Baez, su voz (y el aura que muy pocos merecen conservar) apagándose hasta enmudecer, nosotros dentro, ella en plena naturaleza. No volverá a subirse a un escenario y se despedirá de 60 años de carrera con una larga gira de cinco meses de conciertos por Europa.


En su último disco Joan le silba al viento, Whistle down the wind, y con las diez canciones que le ha tomado prestadas a Tom Waits, Josh Ritter y Joe Henry entre otros, se marcha sin frases lapidarias, sin puñetazos en la mesa ni la necesidad de vestirse broches de oro concebidos para cerrar brillantes carreras, sino perdiéndose a distancia, de frente y con una sonrisa, para que sintamos que ya la echamos de menos. Joe ha estado a su lado, diez días en el estudio para adornar con lo mínimo (la sutileza elegante de la discreción), un hermoso trabajo. Escuchen Silver blade, Last leaf o Civil War para que el viento les roce la cara.


Fare Thee Well Joan!

martes, 9 de enero de 2018

WHISTLE DOWN THE WIND


Joan Baez se despedirá de los estudios y de los escenarios en 2018 con el álbum producido por Joe Henry que llevará el título Whistle down the wind. El 2 de marzo es la fecha de su lanzamiento. Amiga de versionar a multitud de músicos, Baez echará mano de diez temas de Josh Ritter, Eliza Gilkyson, Anohni y el propio Henry entre otros, para cerrar su carrera. Whistle down the wind es una pieza escrita por Tom Waits y su esposa Kathleen Brennan incluida en el disco Bone machine, de 1992. Así se abrirá la última obra de Joan Baez, tranquila, reposadamente, con eco y silencio crepuscular.

sábado, 30 de diciembre de 2017

CHAINS



Fin de año, momento para el repaso. En el universo Joe Henry, el autor completó su excepcional Thrum, plagado de magníficos temas (ese River floor, ese Blood of the forgotten song). Al recordar las otras obras que llevaron el sello de Joe a lo largo de este año (las de Rose Cousins, Lizz Wright o Son of the Velvet Rat), y a la espera de que en los próximos meses podamos escuchar lo nuevo de Amy Helm, Guy Pearce, Steep Canyon Rangers, Milk Carton Kids y Joan Baez, me quedo con este soberbio tema de Rose Cousins, Chains, incluido en su álbum Natural Conclusion, como la mejor canción que pasó por las manos de Joe. Una gozada.

viernes, 15 de diciembre de 2017

NEW ORLEANS

Poco a poco y sin prisa adquiriré la producción completa de Joe Henry. Ese es mi propósito. Me refiero a su obra propia y a la que ha producido: en formato original, con su información en los libretos y el olor de las páginas al pasarlas. Una de las últimas incorporaciones a la colección es Our New Orleans 2005, un disco benéfico para las víctimas del huracán Katrina que inundó una parte de la ciudad de New Orleans en agosto de aquel año. Joe produce cuatro de los 16 temas interpretados por músicos locales como Allen Toussaint, Dr. John, Irma Thomas, Eddie Bo, la Preservantion Hall Jazz Band o Dirty Dozen Brass Band.

Con el cd en las manos mis reflexiones toman caminos diferentes. Las ganancias netas por la venta de este álbum serán donadas a Habitat for Humanity para ayudar a los más afectados por el Katrina. Doce años después del devastador huracán, ¿llegarán parte de las diez libras que me costó el disco a través de Amazon a esa organización para que den alguna utilidad a quienes fueron tan castigados por la naturaleza?

Our New Orleans 2005 llegó a mi buzón ayer, casi dos meses después de que lo comprase online. No suele tardar tanto el producto en alcanzar su destino tras valor sobre Europa o cruzar el Atlántico. No salió desde muy lejos, estaba guardado en un almacén de un edificio logístico a las afueras de Harmodsworth, pocas millas al norte del aeropuerto londinense de Heathrow. Hoy, ya, en el santuario de Joe.

miércoles, 29 de noviembre de 2017

DESDE SUIZA, SHUFLETOWN

Es el tercer disco de Joe. Me llegó estos días desde Suiza a través de Amazon. Es una copia usada en buen estado con unas letras, las mismas, pintadas con rotulador negro en la cubierta del libreto interior y en el propio CD. Desde un punto inconcreto de Suiza llegó Suffletown a casa para seguir completando la colección. No tengo urgencia por acabar la discografía y contemplarla con sus copias originales en uno de los estantes del salón. Me faltan pocos álbumes, que llegarán. Son obras lejanas, sus primeros trabajos, que escuché hace tiempo y que me gustaron menos que lo que grabó desde mediados de los noventa. Me falta por palpar Talk of heaven y Murder of crows, y Short man’s room y Kindness of the world. De Trampoline encontré una copia en una tienda de segunda mano en Munich. De Fuse compré una original en Amsterdam. Scar, Civilians y Blood from stars los compré en la misma tienda de discos de mi ciudad, por la que hace mucho tiempo que no voy. Thrum, Tiny voices y Reverie cayeron a través de Amazon también. Invisible hour apareció casi sin querer en un HMV de Southen-on end. Y los viajes en tren con Billy Bragg los adquirí en Barcelona.

Shuffletown, desde Suiza, era el único disco de Joe que me faltaba por escuchar. Produce su amigo y mentor T Bone Burnett en 1990. Se advierte al Joe Henry creador de envolventes canciones, pero distante aún del profundo compositor que es hoy, con preferencia por el contrabajo y la acústica y más inclinado al rock y al country. Un disco irregular, pero para mí de gran valor.

lunes, 6 de noviembre de 2017

SANGRE SOBRE THRUM

“Escribimos sobre la proximidad: yo y tú, nosotros y Dios, la esperanza y el miedo, la oscuridad y la siguiente luz, nuestra vidas chispeantes y la percepción de su final”.

Como tú, hay alguien que en el mismo tiempo, unos pocos días, le ha prestado a Thrum casi cuatro horas de su vida. Mientras la noche te envuelve en el último paseo del día que os dais tu perro y tú; en la quietud de una habitación que ilumina una tenue lámpara junto a una botella de vino. Tú le has dicho antes que ese es el tiempo que le has dado al nuevo disco de Joe Henry para pasarle la lengua por encima y frotar los labios, darle un bocado y masticarlo con calma, llevarlo al fondo de la garganta y tragarlo, expulsar el aliento que desprende su agradable sabor. Y él te cuenta que ha hecho lo mismo, a su manera, y que además la música de Thrum le introduce en un clima y le transmite unos pensamientos que le encantan tanto como a ti. La música, que avanza como el cauce del río de sangre que nos une.

“Os ofrezco estar once canciones como la madera al fuego; fueron creadas para que se consumieran”.

jueves, 26 de octubre de 2017

HOY, THRUM


Meses de expectación, semanas, días… Primero podemos escuchar un tema, después otro, más tarde todo el disco al alcance… Y hoy es el día oficial en el que está a la venta Thrum. Vamos quedando pocos, los que aún echamos mano de la cartera para llevarnos un disco a casa bajo el brazo o esperamos a recibirlo con impaciencia en el buzón.

Thrum al cubo ya. Tres escuchas de concentrada dedicación, la música que nada por sus 55 minutos y nada más. Para compararlo con sus hermanos, para descubrir la marca de fábrica, para entrar y pasear por sus canciones, para dejarse sorprender por lo inesperado o regocijarse con la excelencia prevista, para caer en una hora de hipnótico éxtasis.

Una, dos y tres veces crees ver a Joe y a los demás (Jay, David, Patrick, Levon, Ryan…) creando música flotante en la quietud de una habitación, en horas que no terminan encogiendo y estirando palabras, cabalgando percusiones, bordando ritmos palpitantes, barnizando el eco de la teclas, a saltos desde los pulmones con sutiles brisas o aires estrujados. Así se fabrican 11 canciones que nos apartan un rato del mundo.

A veces me parece escuchar canciones que habrían encajado bien en Tiny voices o en Reverie. O creo que una y otra se descartaron en su momento de Invisible hour. Pero tras la segunda y la tercera escucha de todo Thrum siento las 11 canciones como un nuevo mensaje propio y auténtico, un estado de ánimo diferente que de tanta satisfacción me deja sin palabras.

Sí, Joe Henry, el mismo, el de siempre pero diferente. La música en sus manos se muestra abierta a alcanzar emociones placenteramente escalofriantes.